La aplicación de tecnologías disruptivas a la resolución de problemas en entornos que ni siquiera se sospechaba que pudieran ser aplicadas ha rediseñado los procesos operativos y, por lo tanto, nuestras vidas. Los ejemplos son tan variados que podría dedicarse un artículo completo solo a mencionarlos: comunicación mediante aplicaciones de mensajería instantánea de las que nos hemos vuelto ‘adictos’, ciudades sembradas de sensores que ahora se denominan smart cities o, incluso, poder recibir en tu propio domicilio el pan con un dron. El mundo de la defensa no es ajeno a todos estos cambios del mundo civil.
En el entorno militar también se han buscado las aplicaciones que pueden beneficiarse del uso de las tecnologías 4.0. La aplicación de la inteligencia y del ingenio ha permitido que las Fuerzas Armadas dispongan de artilugios que mejoren sus capacidades no solo en los dominios tradicionales de tierra, mar y aire, o en los novedosos dominios de espacio y ciberespacio, sino también en el de más reciente aparición, el dominio cognitivo.
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